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La promoción de la Cultura Hídrica con un enfoque estratégico

Por: Dra. Verónica Romero Servín (Mercadotecnia y Comunicación ANEAS)

Uno de los grandes retos que enfrenta el sector hídrico a nivel mundial es brindar con calidad y continuidad servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento a la población, ello obedece, por un lado, al crecimiento demográfico acelerado, y por otro, a las crecientes dificultades técnicas que conlleva hacerlo. Contar con estos servicios en el hogar, es un factor determinante en la calidad de vida y el desarrollo integral de las familias; en México la población beneficiada con agua potable ha venido creciendo los últimos años, en tanto que en los servicios de saneamiento la tendencia no es tan favorable.

En virtud de esta compleja situación, las autoridades de los tres niveles de gobierno, los Organismos Operadores de agua y la sociedad en su conjunto, debemos orientar nuestros esfuerzos en acciones que promuevan el uso responsable del agua, lo que implica consumirla de manera eficiente, re-usarla, pagar oportunamente por los servicios de agua potable y saneamiento, emplear dispositivos ahorradores, reducir fugas en hogares y oficinas, pero también en las redes de distribución administradas por los sistemas de agua estatales y municipales, por mencionar algunas acciones; es bajo esta premisa que hoy día hablamos de la promoción de la Cultura del Agua.

La también denominada Cultura Hídrica, se refiere al conjunto de formas y vehículos empleados para la satisfacción de necesidades primordiales relacionadas con el agua y con todo lo que de ella depende, incluidas las tareas productivas, ya sean de carácter agrícola o industrial. Es una herramienta para promover la adquisición de conocimientos sobre el agua y en general sobre el medio ambiente, la transformación de actitudes y valores, el desarrollo de hábitos que faciliten el camino hacia la sustentabilidad y el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos; es una filosofía de pensamiento y de vida dirigida a realizar tareas que estimulen nuevas prácticas, desde el entorno medioambiental, el consumo responsable del agua, el pago oportuno y, en general, la gestión del recurso hídrico desde una perspectiva holística, lo cual implica nuevos percepciones y comportamientos tanto en la sociedad como en las instituciones públicas y privadas involucradas en el proceso.

Planear e implementar estrategias de promoción la Cultura Hídrica no es una tarea sencilla, los sistemas de agua a nivel nacional han desarrollado desde hace más de dos décadas diversas actividades, específicamente en materia de comunicación social; sin embargo, hoy día los resultados son poco tangibles, mientras la problemática se acentúa. Ello obliga a las áreas de Cultura del Agua –y al Organismo Operador en conjunto– a trabajar de manera sistemática y enfocada en lograr eficiencia en sus tareas, pues la mera difusión de ideas no genera cambios en los conocimientos, conductas y hábitos de los distintos grupos de interés.

La Cultura Hídrica no debe entenderse simplemente como una estrategia de comunicación social, debe manejarse con un enfoque estratégico de gestión integrada del agua, vinculado y coordinado con las tareas que realizan todas y cada una de las áreas que integran el Organismo Operador de agua, incluida –por supuesto– la Dirección General. Así mismo, se debe buscar la participación activa de los diversos usuarios del agua: domésticos, industriales y agrícolas; de las instituciones de los tres niveles de gobierno, de los medios de comunicación, las Organizaciones No Gubernamentales y otros actores.

La información, las percepciones, valores y prácticas que orientan y dan sentido a las relaciones del hombre para con el agua y todo lo que gira en torno a ella, conforman la Cultura Hídrica; involucra las acciones necesarias para obtenerla, distribuirla, desaguarla, limpiarla y re-utilizarla.

La cultura con respecto al agua es un fenómeno que se construye y alimenta día a día, que nos permite dirigirnos hacia el desarrollo sustentable y mejorará de calidad de vida de los seres humanos. Implica no sólo aquello que se dice, piensa y hace en torno al agua como usuarios y ciudadanos, sino también lo que respecta a la gestión del agua y, por ende, a la participación de instituciones públicas y privadas, Organismos Operadores del agua, así como del propio Estado a través de los gobiernos federal, estatal y municipal.

Dado que se expresa a través de percepciones y acciones de la sociedad, su alcance va más allá de lo que al agua respecta, implica todo aquello que está alrededor de ésta; debe amalgamar aspectos sociales, culturales, legales, tecnológicos y económicos que nos permitan obtener una visión transversal del problema y de las oportunidades que el reto de la Cultura Hídrica en México nos representa.

Por ello, es necesario articular los diferentes proyectos y acciones de Cultura  del Agua desarrollados por diversas instituciones y organismos tanto públicos como privados, así como grupos sociales; promover la incorporación del componente cultural en las políticas públicas relacionadas con el agua; ser el referente de los diferentes programas y proyectos de carácter nacional, estatal y local relacionados con el recurso e impulsar la participación social responsable y crítica en la gestión integrada del agua.

Usualmente la gestión de un Organismo Operador se orienta a la búsqueda de la eficiencia física y comercial, pasando por la cobertura y la calidad del agua; pero no debe dejar de lado, o trabajar de manera aislada, las acciones de Cultura Hídrica dirigidas a informar y persuadir al cambio de valores y hábitos. Los planes no deben enfocarse exclusivamente a las acciones de comunicación y promoción de conductas de consumo responsable, deben ser una estrategia integral concebida y ejecutada en todas las áreas que conforman el sistema de aguas, debe manejarse como la cultura organizacional que permee las diversas decisiones y acciones en torno al vital líquido.

En este orden de ideas, debemos también ser consistentes a nivel comunicación, los servicios de agua potable y saneamiento tienen un valor económico como tales, no deben ser percibidos por los usuarios como una prestación de carácter público y por tanto gratuitos; para lograr socializar esta idea en el imaginario colectivo es apremiante manejar en las diversas acciones de comunicación el ciclo urbano del agua, pues de esta manera la sociedad comprenderá las implicaciones que tiene para el Organismo Operador el proceso: captación, potabilización, transporte y almacenamiento, distribución, consumo, alcantarillado, depuración, reciclaje de agua depurada y restitución. Bajo esta premisa, quedará explicado de manera implícita que este ciclo trae consigo altos costos operativos y será más viable que con esta información las personas responsables de realizar el pago oportuno de los servicios sean sensibles a la necesidad de cumplir con su responsabilidad de cubrir las tarifas. Debemos evitar que los usuarios (en todos los segmentos de edad) sigan pensando que el agua viene de las nubes y se evapora de manera natural.

En México, la mayoría de las estrategias de comunicación se han dirigido históricamente al usuario doméstico, especialmente al segmento infantil; tanto los esfuerzos de los sistemas de agua, como los de autoridades federales e incluso la Organizaciones No Gubernamentales, se han enfocado en la promoción de mejores prácticas de consumo del vital líquido, así como el cambio de hábitos de desperdicio en el hogar; lo que ha generado que en algunos segmentos de la sociedad exista una valoración de carácter simbólico hacia el agua (recurso vital, indispensable, belleza en el contexto natural, etcétera), no existe propiamente conocimiento  del valor económico del agua, concretamente del agua potable; situación que se refleja en la falta de pago y en la falsa percepción de que proviene de la naturaleza; en síntesis, en un desconocimiento del ciclo urbano del agua y en los costos de producción-distribución-drenaje-saneamiento.

Es por ello que las estrategias de comunicación no deben focalizarse sólo en el consumo urbano, en el hogar y en la escuela; es necesario promover mejores hábitos en los usuarios industriales (como empresa y como sistema de producción), hidroagrícolas, de entretenimiento y generación de energía, por mencionar los principales consumidores de agua potable, drenaje y saneamiento.

Para entrar en materia, resulta imperativo precisar qué entendemos por uso responsable del agua. Partiremos de la idea de que el consumo responsable y/o comprometido –en términos generales– se trata de reconocer que hoy día las grandes urbes usamos recursos materiales y energéticos en cantidades muy superiores a lo que es perceptible, es decir, que no reparamos en la cantidad de materiales que se suman durante todo el ciclo de vida de los productos y servicios; por ejemplo, al volumen de agua empleada de manera indirecta, comúnmente denominado huella hídrica. De tal suerte que promovamos la reducción del uso/consumo de agua bajo la premisa de que de esta manera mitigamos el impacto ambiental sobre las fuentes de abastecimiento.

Usar el agua eficientemente es algo que hemos escuchado en los últimos años: cerrar la llave mientras nos enjabonamos, no lavar autos con manguera y usar sólo un vaso para lavarnos los dientes. Sin embargo, el agua de consumo doméstico (aquella que vemos correr frente a nuestros ojos mientras lavamos  nuestras manos, los platos, regamos el jardín o la utilizamos en casa) es menos del 5% del agua que consumimos en nuestras actividades diarias. Así, cuando hablamos de consumo responsable del agua debemos ampliar la visión acotada hacia el usuario doméstico y pensar en los otros usos: industrial, hidroagrícola, agua para entretenimiento y para generación de energía. Así mismo, debemos orientar las acciones no sólo al uso del líquido de manera responsable, también debemos promover la responsabilidad como actores sociales de preservar los recursos naturales, fuente primordial del agua para consumo humano.

En este orden de ideas, resulta necesario abordar el binomio agua-medioambiente, quizá el más primitivo de los esfuerzos en materia de Cultura del Agua, que parte de la necesidad de restablecer el  equilibrio, asumiendo el reto de generar acciones que fortalezcan ciudadanos informados, autoridades preocupadas y ocupadas en la preservación ambiental y por tanto políticas públicas que mitiguen la degradación de nuestro patrimonio hídrico.

La pérdida de los ecosistemas y su biodiversidad, la degradación de los suelos, la contaminación de las fuentes y la sobreexplotación de los acuíferos y la escasez de agua, entre otros grandes problemas, inciden negativamente en nuestra calidad de vida y comprometen seriamente el futuro de la humanidad, de ahí que debamos realizar esfuerzos de comunicación y educación ambiental tendientes a sensibilizar a la población no solamente en cuanto a la problemática hídrica, sino promoviendo también el consumo moderado de energía eléctrica y combustibles, la disminución en la generación de residuos sólidos, y en general un estilo de vida de respeto y responsabilidad en el uso de los recursos naturales.

Debemos partir de la premisa de que el agua no es un bien de intercambio, es un recurso finito intrínsecamente ligado con la atmósfera, el territorio geográfico, el clima, los sistemas productivos y de consumo en general. Es por ello que al trabajar en esta línea de comunicación es imprescindible que se aborde desde la propia educación formal; debemos hacerle saber a la ciudadanía en su conjunto (usuarios domésticos, industriales e hidroagrícolas)  que la escasez de agua que padecemos en México y en el mundo entero, no tiene un origen estrictamente físico –sequías, lluvias incipientes, contaminación de fuentes superficiales y subterráneas– sino que es la consecuencia de la falta de atención en el problema, del uso y explotación indiscriminados, de los escasos esfuerzos de educación ambiental, y en general de una visión economicista y racionalista del recurso agua sin tomar acciones que permitan el equilibrio entre las necesidades humanas y el entorno ambiental, el agua debe ser percibida como un vehículo indefectible para la sobrevivencia del ser humano y del planeta.

Trabajar por la sostenibilidad del agua implica también pensar en el uso/consumo de agua potable y saneamiento, ya que a mayor consumo de agua potable, mayor descarga de aguas residuales y en general un impacto superior en la salud medioambiental.

Para mitigar estas condiciones adversas, es imperativo reducir el consumo de agua en todos sus usos, extraerla con el menor detrimento posible de los ecosistemas y devolverla a las aguas naturales en circunstancias aceptables; asimismo, es necesario desarrollar procesos de tratamiento y depuración con un enfoque de eficiencia energética y bajo impacto ecológico. En virtud de lo anterior, esta línea estratégica de comunicación no implica solamente las acciones de educación en materia de uso y consumo de agua, nos obliga a trabajar de manera colegiada y transversal con las autoridades ambientales, de energía y con las comunidades urbanas, semiurbanas y rurales; debemos pasar de la comunicación a la acción.

Como podremos ver en las gráficas 4 y 5, esta línea temática es usualmente empleada por instituciones ambientalistas públicas y privadas, así como Organismos Operadores, manejado las piezas de comunicación desde la perspectiva de educación ambiental y orientada hacia los diversos niveles educativos, desde primaria hasta superior; sin embargo, es necesario reforzar los esfuerzos en los públicos adultos.

En síntesis, las acciones no han de constreñirse a la comunicación social, debemos trabajar a nivel gestión; es necesario que las relaciones interinstitucionales, las políticas públicas, las obras en materia de agua potable y saneamiento, así como la propia administración del sistema operador se muevan como ejes de un proyecto único de Cultura Hídrica a nivel nacional que promueva el uso responsable del agua y la preservación de nuestro patrimonio ambiental.

Fuentes de consulta:

• Barkin, David, coordinador (2006) La gestión del agua urbana en México, retos, debates y bienestar. México: UDG-UAM-Xochimilco.
• Conradin, Katharina. Introducción a la gestión del agua y saneamiento sostenible. Sustentable Sanitation and Water Management (SSWM). Disponible en: www.sswm.info/category/step-gass-en-al/gass-en-castellano
• Romero Servín, Verónica, 2012, "Cultura del agua en México", en María Perevochtchikova, coord., Cultura del agua en México. Conceptualización y vulnerabilidad social, México, UNAM/Miguel Ángel Porrúa, pp. 55-61.

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