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Adaptación al cambio climático para la gestión sostenible del agua

Fuente: Dr. Doğan Altınbilek, Vicepresidente del Consejo Mundial del Agua

La historia de la humanidad demuestra la estrecha relación de la estabilidad económica, social, cultural y política con la cantidad y calidad del suministro de agua para las personas. Es por ello que a la mayoría de las grandes y antiguas civilizaciones se les conoce como civilizaciones hidráulicas, que a menudo llevaban el nombre del río sobre el cual se expandieron. La sostenibilidad de las sociedades siempre ha dependido del acceso al agua y, más concretamente, de su capacidad de crecimiento a través de la gestión del recurso.

Hoy en día, las vinculaciones fundamentales entre el agua y el bienestar de la gente se ven profundamente afectadas por las causas y consecuencias del cambio climático. El informe sobre los Riesgos Globales del 2015, del Foro Económico Mundial señala una transición durante los últimos años que por lo general se aleja de los riesgos económicos y se centra más hacia los riesgos medioambientales, que van desde el cambio climático hasta las crisis del agua. Si bien se prevé que los impactos negativos del cambio climático superen los beneficios, afectando cada vez más los recursos y los servicios de agua debido a los impactos de las sequías, las inundaciones, las tormentas y el aumento del nivel del mar, estos impactos negativos se pueden disminuir mediante las buenas prácticas en la gestión del recurso.

El papel central del agua vincula estrechamente el cambio climático con la reducción de la pobreza, el desarrollo económico y la seguridad humana, sobre todo porque los efectos adversos en los sistemas de agua dulce se ven agravados por otros factores de estrés tales como el crecimiento demográfico, la actividad económica variable, los cambios de uso del suelo y la urbanización. Estos retos, que van más allá de los simplemente ambientales, son ahora globales y están poniendo a prueba nuestra capacidad de adaptación al cambio, nuestra capacidad de resiliencia humana.

La adaptación al cambio climático significa comprender la función que desempeña el agua en la economía mundial, el desarrollo, el medio ambiente y la salud y el bienestar de la gente en todo el planeta. La adaptación también significa actuar para garantizar la adopción de medidas para hacer que todos los sectores, incluida la agricultura, sean más resilientes, eficientes y sólidos. La inversión en la capacidad de gestión de los recursos hídricos, incluidas las instituciones e infraestructuras nacionales, debe convertirse en la prioridad actual de respuesta temprana. La inversión hídrica se traduce en beneficios sustanciales a través de la adaptación y contribuirá a la creación de sociedades más resilientes y una mayor productividad en el futuro.

La adaptación a estos cambios debe vincularse a una agenda verde que propugne un enfoque multisectorial donde las oportunidades de inversión y las nuevas regulaciones conduzcan a un crecimiento más ecológico a fin de garantizar el desarrollo sostenible. Es evidente que el agua debe ocupar un lugar central en la planificación, la acción y las políticas de adaptación.

En esa perspectiva, el Consejo Mundial del Agua (WWC) tiene por objeto contribuir a un mejor entendimiento de estas relaciones y motivar a la acción en sectores que dependen del agua, como la energía, la alimentación, la preparación ante desastres y la gobernanza. Actualmente los líderes políticos y económicos consideran el tema del agua como un tema clave, por lo que el asegurar el agua resulta crucial para asegurar el futuro de la humanidad.

En los últimos años, el Consejo Mundial del Agua ha hecho hincapié en desarrollar una conciencia global en torno a la seguridad hídrica, la cual implica garantizar de forma fiable la disponibilidad del agua en cantidad y calidad aceptables para la salud, los medios de subsistencia y la producción, aunado a un nivel aceptable de riesgos relacionados con el agua. El desarrollo sostenible no se puede lograr sin la seguridad hídrica.

Para aumentar la concienciación, el Consejo Mundial del Agua ha creado relaciones y asociaciones sólidas con organismos de la ONU, naciones y tomadores de decisiones de alto nivel para incorporar el concepto de la seguridad hídrica en el diseño de las políticas del futuro. Mediante la promoción del reconocimiento mundial de la seguridad hídrica como elemento necesario del desarrollo sostenible, el WWC está muy complacido con el surgimiento de una meta enteramente dedicada al agua dentro de la Agenda de Desarrollo post 2015.

En las próximas décadas, la demanda de agua aumentará en todos los sectores. Se prevé que el mundo enfrente un déficit de agua del 40% entre la demanda prevista y la oferta disponible para el año 2030. Todos los países deben estar preparados para hacer frente a la escasez de agua para satisfacer sus necesidades.

La gestión adaptativa del agua es una obligatoriedad para afrontar la vulnerabilidad climática, especialmente en lo concerniente a la seguridad alimentaria. Para el año 2025, se espera que 1.8 mil millones de personas vivan en países o regiones con menos de 500 m3 de agua renovable por año per cápita. Dos tercios de la población mundial podrían estar viviendo en condiciones de estrés hídrico. La situación se agravará a medida en que los lugares con crecimiento demográfico aumenten la presión sobre la cantidad y calidad de los recursos hídricos locales.

Actualmente hay 180,000 nuevas bocas que alimentar diariamente. Si la producción alimentaria se incrementa para satisfacer estas demandas sin realizar las mejoras de las prácticas agrícolas, el consumo de agua aumentará proporcionalmente. Las cantidades adicionales que se necesitan podrían alcanzar una proporción de hasta 1 billón de metros cúbicos de agua al año, o el equivalente de 20 ríos Nilo.

Se prevé que el cambio climático tenga un impacto significativo que afectará la producción agrícola, la cual ya es responsable del 70 por ciento de las extracciones de agua dulce a nivel mundial y proporciona los medios de subsistencia de aproximadamente una cuarta parte de la población mundial. En la actualidad, las pérdidas generadas por las sequías se estiman en más de $100 mil millones de dólares al año. En África, Asia y Latinoamérica, la producción podría disminuir entre un 20 por ciento y el 40 por ciento si no se toman medidas eficaces de adaptación, mientras que se espera que la demanda mundial aumente en un 40 por ciento para el año 2050. Aun cuando se espera que el cambio climático aumente la productividad agrícola en determinadas zonas, también está previsto que continúe aumentando la variabilidad climática.

Con los extremos meteorológicos más frecuentes y el descenso observado en el caudal de los ríos y el agua de escorrentía, es probable que esta inseguridad se convierta en una amenaza constante en el futuro. La capacidad amortiguadora de los recursos hídricos contra el cambio climático, así como cambios en la oferta y la demanda exigen inversiones de naturaleza “no regrets” (es decir, literalmente “sin arrepentimientos”, lo que significa que no ocasionan efectos negativos y por lo tanto no pueden ser perjudiciales) y la inclusión a largo plazo de la mitigación de riesgos y estrategias de adaptación dentro de las decisiones de inversión, sin olvidar la voluntad política para adoptar esas decisiones.

Por lo tanto, el almacenamiento será un elemento esencial para proveer seguridad hídrica a los países de bajos ingresos que están sujetos a grandes riesgos climáticos. En Etiopía, por ejemplo, el costo económico actual de la variabilidad hidrológica se calcula en más de un tercio del potencial de crecimiento promedio anual del país. Etiopía, sin embargo, con mucha mayor variabilidad hidrológica que Norteamérica, tiene menos del 1% de la capacidad de almacenamiento de agua per cápita para gestionar esa variabilidad.

La capacidad para gestionar las incertidumbres derivadas del agua en demasía o en escasez, resulta fundamental para la capacidad de crecer y prosperar. Esto requiere una infraestructura específica, cuya ausencia genera desigualdades. En los países desarrollados, la infraestructura hídrica ha logrado reducir los daños por inundaciones y sequías en cerca del 5 por ciento o inferiores a su PIB. En los Estados Unidos, los beneficios acumulativos de las pérdidas por inundaciones evitadas se ubican en hasta $700 mil millones de dólares. Por lo general, en los países en desarrollo, donde la falta de infraestructura es mucho más aguda, esta cifra es superior al 20% de su PIB.

Si el agua se almacena y gestiona adecuadamente, se puede alcanzar el crecimiento económico; los tomadores de decisiones cuentan con mayores opciones para afrontar el estrés en los sistemas naturales y así preservar la estabilidad social. Con base en cientos de años de experiencia y a la variabilidad del clima actual, los profesionales del agua se inclinan cada vez más a considerar los depósitos de energía hidroeléctrica y sus operaciones de usos múltiples como una valiosa herramienta para hacer frente a los patrones climáticos impredecibles.

Los esfuerzos de adaptación al cambio climático emprendidos por el sector energético, también se enfrentan a la distribución desigual de los recursos hídricos y de energía ante las diferentes tasas de consumo de un país a otro y dentro de los mismos. La desalinización es otro ejemplo de cómo las opciones de adaptación están estrechamente relacionadas con los vínculos del agua y la energía. En los países áridos que son ricos en petróleo, la escasez de agua se supera con la desalinización, independientemente de los elevados requisitos de energía.

Asimismo, el sector de la energía hidroeléctrica continúa siendo vulnerable a los cambios en la disponibilidad estacional del agua, y sus decisiones son impulsadas por el peso de los costos contra los beneficios, considerando al mismo tiempo la manera de minimizar los riesgos. Las recientes sequías en Europa y los Estados Unidos han demostrado la vulnerabilidad de la industria a la escasez de agua en las zonas donde el estrés hídrico es un problema. La industria energética debe ahora entender su perfil de uso del agua y tratar de utilizarla tan eficientemente como sea posible. Por su parte, los hacedores de políticas también deben considerar la disponibilidad del agua al establecer las prioridades energéticas.

Las compañías energéticas se ven obligadas cada vez más a tomar parte en la gestión de los recursos hídricos del mundo, junto con los productores y las industrias agrícolas. La meta de la industria radica en ser prudentes a la hora de usar los recursos hídricos, sin dejar de tener en cuenta los asuntos de seguridad energética y el cambio climático. La búsqueda de soluciones que optimicen estos parámetros será un reto para compañías energéticas en las próximas décadas.

Por demasiado tiempo, la gestión de los recursos hídricos y energéticos se ha planificado y gestionado de forma separada sin la suficiente consideración de los impactos ambientales. Es importante dejar atrás el enfoque de los silos sectoriales para dar cabida a la planificación y la gestión hacia los procesos integrales a largo plazo, en los cuales se reconozcan que estos recursos están interconectados. Este supuesto requiere la armonización del uso del agua entre la producción energética, la producción alimentaria, las necesidades ambientales, y otros usos múltiples a fin de que estas demandas se complementen entre sí, en lugar de competir unos contra otros. Teniendo en cuenta los posibles efectos del cambio climático en el futuro, el agua y la energía son dos componentes fundamentales para el desarrollo, con la energía hidroeléctrica situada en la confluencia.

En vista de estos fuertes nexos, se puso en marcha un ambicioso proyecto entre Electricité de France y el Consejo Mundial del Agua después del VI Foro Mundial del Agua. El objetivo fue establecer un marco conceptual y analítico para evaluar e informar sobre las conexiones entre el agua y la energía y presentarlo durante el VII Foro Mundial del Agua en Corea. Se establecieron dos grupos de trabajo para analizar los múltiples usos del agua en los embalses hidroeléctricos y el uso de agua para la producción energética.

Ya existen soluciones técnicas para la seguridad hídrica ante el cambio climático, pero aún se requieren de incentivos económicos y medios innovadores para financiar la infraestructura hídrica de usos múltiples, junto con asociaciones intersectoriales eficaces basados en resultados beneficiosos para alcanzar prácticas integradas, sostenibles y resilientes. Estas soluciones técnicas también requieren de mecanismos financieros, que de manera simultánea construyen mercados locales de capital, gestionan los riesgos para las inversiones de capital, y crean fuentes de ingresos a la vez que ofrecen beneficios públicos ampliamente distribuidos.

Para el VII Foro Mundial del Agua, el Consejo Mundial del Agua y la República de Corea acordaron unir esfuerzos en la implementación de un marco global para el agua. Si bien la escala y la complejidad de este desafío multidimensional son enormes, las soluciones adaptativas están al alcance. La comunidad internacional ha asumido compromisos vinculantes para la Agenda de Desarrollo post-2015 durante la Asamblea General de la ONU y en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en su 21ª Conferencia de las Partes. El análisis de los modelos rectores de cooperación del agua, la energía, la alimentación, y climática, tendrá determinarse en la formulación de políticas globales resilientes y hacerse una realidad en la práctica.

Doğan Altınbilek es Vicepresidente del Consejo Mundial del Agua; Profesor Adjunto de la Universidad Técnica de Oriente Medio (METU) en Ankara, Turquía; su experiencia se centra en los campos de la ingeniería de los recursos hídricos e hidro ingeniería de sistemas. Desde 1970 ha ocupado cargos académicos en METU, Turquía y en la Universidad Rey Abdulaziz, de Arabia Saudita. De 1996 a 2001, fue Director General de Obras Hidráulicas Estatales (DSI) en Turquía, y estuvo a cargo del desarrollo de los recursos hídricos, incluida la energía hidroeléctrica, la irrigación, el suministro de agua a las grandes ciudades y el control de inundaciones. Fue Presidente (2004-2008) y es Miembro Honorario de la Asociación Internacional de Hidroelectricidad (IHA). Después de haber fungido como Vicepresidente del Consejo Ejecutivo (2007-2009), el Prof. Altınbilek fue nombrado Presidente de la Asociación Internacional de Recursos Hídricos (AIREH) para el periodo 2013-2015. El Consejo Mundial del Agua es una organización y plataforma internacional multiactores, fundador y coorganizador del Foro Mundial del Agua. La misión del Consejo Mundial del Agua es promover la conciencia, incrementar el compromiso político e impulsar la acción sobre temas críticos del agua en todos los niveles, incluyendo el más alto nivel de toma de decisiones, para facilitar la eficiente conservación, protección, desarrollo, planificación, gestión y uso del agua en todas sus dimensiones sobre una base ecológicamente sostenible para el beneficio de toda la vida en el planeta. El Consejo Mundial del Agua, con sede en Marsella, Francia, fue creado en 1996. Agrupa a más de 300 organizaciones, miembros de más de 50 países distintos.

www.worldwatercouncil.org

 

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