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Los retos futuros en la gestión del agua y el papel de las asociaciones profesionales

Por: Dr. Helmut Kroiss, Presidente / IWA y Paul Bell, Gerente de Medios de Información / IWA

Los desarrollos internacionales en la gestión del agua (SDG)


La gestión del agua ha experimentado cambios dramáticos en las últimas décadas, presentando desafíos sin precedentes para el sector hídrico y los profesionales del agua. Recientemente, en septiembre del 2015, las Naciones Unidas aprobaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluido uno dedicado a la provisión de agua y saneamiento, estableciendo objetivos, ambiciones, y un marco global para el desarrollo sostenible hasta el año 2030. En la Cumbre de la Tierra de Río en 1992, se establecieron metas para mejorar el suministro de agua potable que impacta la política en materia de agua urbana.

El Objetivo de Desarrollo del Milenio 7 (ODM7) se basa sobre esta ambición, poniendo de relieve la estrecha relación entre el agua y la salud: "Reducir a la mitad, para el año 2015, la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento". Hoy sabemos que el esfuerzo global para alcanzar este objetivo tuvo éxito en lo que respecta a la mejora del acceso al agua potable, pero con mucho menos éxito en lo que respecta al saneamiento.

Resulta revelador que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobaron un nuevo paradigma de gestión del agua, e incluso se antepone a las metas de política sobre suministro de energía. Esto es, en mi opinión, mucho más de lo que podría haberse esperado y parece ser un claro indicador de que la gestión hídrica se ha convertido en muchas regiones en un hilo global conductor de la salud, la paz y la nutrición, mucho más allá del suministro de agua potable y saneamiento. También es una señal clara para los tomadores de decisiones de políticas que la gestión del agua es mucho más que la solución de problemas tecnológicos locales.

La gestión del agua es reconocida como un complejo ámbito de políticas. Por lo menos, el agua, la energía, la agricultura, la industria y la educación deben coordinarse para afrontar los crecientes problemas de agua locales y regionales como consecuencia de la rápida urbanización, el cambio climático, la contaminación del agua y la agricultura con una creciente demanda de alimentos. La falta de recursos humanos parece ser uno de los factores más limitantes para el progreso y el éxito. Esto significa que la educación tiene que ser incluida en la política en materia de agua para cumplir con los muy ambiciosos ODM. Resulta interesante que, al parecer, existe una anuencia global en que los problemas financieros asociados con los ODM tienen solución.

Esto pone de manifiesto que la gestión del agua es un área fundamental de políticas, necesaria para mejorar el bienestar, la salud y la paz para una población humana en rápido aumento, crecientemente concentrada en las zonas urbanas. Con el fin de ilustrar la dimensión del desafío que a continuación se considera –para alcanzar los objetivos globales sobre aguas residuales y la contaminación del agua– sería necesario añadir la capacidad de tratamiento de aguas residuales para 600,000 personas adicionales todos los días durante los próximos 15 años. La mayoría de estas personas viven en países de ingreso bajos y medios, con la mayor escasez de capacidad humana.

La situación local específica (política, social, natural)

La gestión eficaz del agua es un desafío a largo plazo. El agua es la base para el desarrollo de todos los sistemas vivientes, y no puede ser sustituida en los organismos vivos o en la naturaleza. La naturaleza está adaptada a la situación local y regional específica y los seres humanos se ven forzados a adaptarse a ella tanto como sea posible; y la tecnología, el conocimiento y la experiencia pueden ayudar a encontrar soluciones aun cuando las condiciones naturales no sean favorables.

Es natural entonces que los expertos en agua entiendan que cada situación local ha de ser considerada como el punto de partida de toda búsqueda de soluciones. Los problemas del agua no pueden ser resueltos a nivel global, pero la experiencia disponible a nivel mundial puede contribuir forma considerable a la búsqueda de soluciones locales. De manera similar, las estrategias de gestión del agua deberán siempre ser desarrolladas a nivel de cuenca, las cuales comprenden la cuenca en su conjunto de los ríos que descargan en un mar. Esto define la disponibilidad del agua, dependiendo principalmente de las condiciones climáticas. La gestión del agua también ha de cuidar de todos los actores y sus actividades que influyen en la cantidad y calidad del agua en esta área.

El aspecto de aguas arriba y aguas abajo debe ser considerado para todos los usuarios y los consumidores del agua. Es importante señalar que esto puede crear conflictos, que son aún más complicados en las cuencas internacionales. La participación de los actores en los planes de gestión de cuenca debe convertirse en una práctica común, sobre todo si queremos alcanzar un compromiso entre el derecho sobre el agua –según se expresa en el derecho humano de la ONU– y la protección de la naturaleza y los usuarios aguas abajo.

El usuario y consumidor de agua más importante, donde aplica la irrigación, es la agricultura. La producción alimentaria requiere de >700m³ al año por persona, mientras que el suministro de agua sólo se requiere alrededor de 50m³ al año por persona. En un creciente número de regiones la disponibilidad del agua ya no es adecuada para producir suficientes alimentos para la población. Esta deficiencia de agua tiene que ser compensada por alimentos transportados desde otras regiones que cuentan con suficiente agua para la producción excedentaria de alimentos. Esto es importante particularmente en las regiones donde el suministro de agua urbana entra en conflicto con la agricultura y pone de manifiesto la globalización de los mercados alimentarios.

La gestión del agua requiere un suministro de energía fiable; al mismo tiempo la producción de energía también necesita un suministro de agua fiable, principalmente para la refrigeración. Esto puede crear limitaciones importantes para la gestión de la calidad del agua, ya que las aguas superficiales, con su ecosistema acuático específico, tienen que ser protegidas del aumento excesivo de la temperatura. A nivel mundial, hemos sido testigos de un enorme aumento en el número de presas. Muchas son presas multipropósito para la irrigación, la producción de energía hidroeléctrica, para la gestión de caudales altos y bajos. Las cuales todas, tienen consecuencias para la calidad y cantidad del agua, en la mayoría de los casos vinculadas al transporte de sedimentos y, en climas cálidos, con las pérdidas por evaporación.

La base jurídica, organizacional y tecnológica para la toma de decisiones

Para establecer la política en materia de agua se requiere una legislación integral y razonable. La legislación requiere una adecuada administración para ser establecida, incluyendo todos los procedimientos de control, de permisos y sanciones. En muchos países esto es difícil debido a las carencias de recursos humanos y competencias.

La protección del agua suele ser labor de la administración pública, lo que, a menudo, da lugar a un conjunto de regulaciones que definen la calidad del agua y particularmente en el caso de las aguas subterráneas, también la protección de la cantidad a largo plazo.

La gestión del agua necesita una enorme cantidad de datos de seguimiento y de la utilización de los datos para la toma de decisiones. La calidad y la accesibilidad de los datos son tareas fundamentales que requieren los conocimientos especializados de distintas disciplinas.

Por lo general, las tecnologías necesarias en la gestión del agua están en manos de particulares, tales como consultores, proveedores de tecnología y proveedores de servicios. Existen diferentes modelos para la distribución de responsabilidades entre los diferentes actores, ya sean empresas u Organismos Operadores privados o públicos. La Carta de Lisboa, publicada recientemente por la IWA, representa una buena base para el desarrollo de un sistema eficaz de gestión del agua urbana. En esta carta también se aborda la gestión de residuos, algo crítico para la disposición de lodos de aguas residuales de manera fiable y segura.

El papel de las asociaciones profesionales nacionales

La gestión nacional del agua tiene que ser organizada en relación con las necesidades de los actores. Por lo general, esto requiere que un socio experimentado en la gestión del agua colabore con los legisladores y la administración pública. Como muchas asociaciones profesionales nacionales lo demuestran, sus contribuciones a la gestión eficaz del agua pueden jugar un papel importantísimo. La mayoría de estas asociaciones profesionales son organizaciones no lucrativas e independientes del gobierno, lo que les permite reunir a todos los actores a fin de encontrar soluciones aceptables directamente relacionadas con la implementación de los requerimientos legales.

Es de gran importancia que las asociaciones nacionales también estén en estrecha vinculación con las universidades así como las preparatorias técnicas, creando un círculo virtuoso de la práctica a la ciencia y la investigación y de nuevo a la práctica. Estas asociaciones tienen una gran oportunidad para organizar la formación profesional para el personal de los Organismos Operadores de agua, lo cual es importante para la industria nacional del agua. Al promover un "lenguaje" profesional nacional, permite y potencia el intercambio de habilidades, conocimientos y experiencias entre los Organismos Operadores. El flujo de conocimientos y experiencias de las asociaciones científicas y de investigación internacionales también faculta a los profesionales.

En mi experiencia, puedo concluir que los gobiernos no sólo deben fomentar sino también subvencionar, en determinadas circunstancias, la formación de asociaciones profesionales nacionales, a fin de utilizar la capacidad de abajo hacia arriba de todos los actores, sin la presión de defender determinados intereses políticos o de ciertos actores. Existe una gran variedad de distintos modelos de asociaciones profesionales nacionales, adaptados a las situaciones políticas y económicas específicas y al tamaño de los países, por lo que hay la suficiente experiencia para utilizarlos como un modelo a escala global.

No puedo imaginar que los complejos desafíos de la gestión del agua puedan ser resueltos sin tener asociaciones profesionales nacionales y sin un mecanismo de retroalimentación continua entre aquellos y la comunidad científica nacional. Asimismo, un enlace continuo de las asociaciones nacionales al progreso internacional en ciencia y tecnología es de suma importancia para una mayor influencia política y la mejora de la percepción de la opinión pública. De hecho, el fomentar activamente el avance de la ciencia, la tecnología y la práctica a escala global, así como promover y potenciar el intercambio con las organizaciones profesionales nacionales, es la labor de las asociaciones profesionales internacionales como la IWA.

El papel de las asociaciones profesionales internacionales (la IWA)

El agua es un asunto local a escala global, y hay una aceptación casi universal de que necesitamos gestionar de una mejor manera nuestros recursos hídricos. A nivel nacional, regional e internacional, nunca como hasta ahora el agua ha tenido tan alta prioridad política, a menudo impulsada por el temor a los fenómenos climáticos extremos, la escasez, el acceso al agua potable, la calidad y la contaminación del agua. Esta toma de conciencia ocurre cuando la revolución de las comunicaciones digitales permite a los ciudadanos organizar, participar e impulsar el programa ellos mismos.

Todos estos avances presentan desafíos y oportunidades para el sector hídrico. Para respaldar las prácticas y políticas de gestión del agua a nivel local y global; para impulsar el intercambio de conocimientos científicos y tecnológicos; para vincular el sector del agua con otros sectores complementarios –aunque a menudo en competencia entre sí– se requiere de las perspectivas y redes a nivel mundial que sólo las asociaciones profesionales internacionales pueden ofrecer.

La IWA, como la asociación internacional líder de profesionales del agua, aborda estos desafíos mediante el apoyo, desarrollo y promoción de las buenas prácticas profesionales; el establecimiento de normas globales y marcos con relevancia e impacto a nivel nacional; ofreciendo a los profesionales foros y redes para compartir conocimientos y mejores prácticas, y puedan actualizar sus conocimientos y habilidades profesionales; y siendo una fuente fiable y de referencia global en el conocimiento del agua y el know-how para los profesionales, medios de comunicación, líderes de opinión y tomadores de decisiones de todos los sectores.

La obtención de esta perspectiva más amplia tiene una importancia cada vez mayor para el sector hídrico. Una audiencia mucho más amplia de profesionales ajenos al sector, está reconociendo la necesidad de tomar la gestión del agua con mucha más seriedad, en todos los países y sectores. Si pretendemos influenciar la toma de decisiones y compartir conocimientos con estas fuerzas potencialmente disruptivas, tenemos que hacer que nuestro caso sea más comprensible y persuasivo.

Nosotros, como profesionales del agua, debemos traducir nuestro conocimiento científico y técnico y el know-how de tal manera que se tenga una mejor conexión con aquellos fuera de nuestro círculo inmediato. Se trata de un papel fundamental para las asociaciones internacionales que están bien equipadas para ver estas tendencias más amplias y asegurar que se aprovechen para ayudar a ofrecer una mejor gestión del agua en todo el planeta.

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